Cuando la cicatriz es buena

lesión medularNuestra columna vertebral es un robusto armazón óseo que protege una de las partes más sensibles de nuestro cuerpo: la médula espinal. Se podría describir la médula espinal como un grueso cable que contiene miles de pequeños cablecillos por los cuales el cerebro envía sus órdenes al resto del cuerpo. De ahí la importancia que tienen las lesiones medulares, en las que este “cable” sufre un trauma que secciona algunos de esos hilos que van por su interior. Como sucede con las heridas en otras partes del cuerpo, la lesión de la médula va seguida de la formación de una cicatriz que intenta volver a fusionar lo que se había separado. Siempre se había pensado que, en el caso de las lesiones medulares, la aparición de la cicatriz es perjudicial porque evita que se puedan restablecer otra vez las conexiones. Científicos del Instituto Karolinska, en Suecia, han analizado más a fondo la cuestión y sugieren que podría ser justo al revés…

En una investigación realizada en ratones de laboratorio que aparece publicada en la revista Science, los investigadores analizaron los mecanismos de reparación de una lesión medular, según cuáles sean las células implicadas. En concreto, los científicos intentaron anular las células madre nerviosas cercanas a la lesión, que son las responsables de iniciar el proceso que culmina con la formación de la cicatriz. Pensaban que, al inactivar estas células madre, la lesión se podría reparar mejor al haber menos cicatriz, pero curiosamente observaron lo contrario. Es decir, que cuando intervienen las células madre nerviosas, la reparación de la lesión es mejor y además se evita que la cicatriz se extienda más. Los científicos piensan que estimulando la acción de estas células madre se puede conseguir que las neuronas dañadas sobrevivan mejor y así paliar en cierto grado las consecuencias de la lesión.

Todo esto coincide con observaciones previas en el sentido de que el trasplante de células madre a la zona de una lesión medular favorece su reparación. Este nuevo trabajo sugiere que quizás lo importante no sea “traer” células madre desde fuera, sino estimular las que ya están por ahí cerca…

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