Vacunas que valen su peso en oro

nanopartículas para vacunasEs difícil calcular cuántas vidas han salvado las vacunas, pero sin duda que han sido muchos millones. Y sin embargo, siguen suscitando cierto miedo o rechazo por parte de algunos, porque en realidad no están exentas de posibles efectos secundarios. Esto se debe a que, en el caso de las vacunas frente a enfermades causadas por virus, la vacuna contiene virus “debilitados”, o fragmentos de proteínas virales que pueden ser tóxicos para las células. Por eso sería importante poder fabricar algún otro tipo de vehículo que pueda llevar esas proteínas hasta las células “especialistas” de la respuesta inmune, sin dañarlas. En esta búsqueda, investigadores de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, parecen haber dado con una auténtica mina de oro; literalmente.

Tratándose de vacunas y virus, la cosa tiene que ser muy pequeña, de ahí que hablemos una vez más de nanotecnología. Los científicos publican en la revista Nanotechnology la fabricación de unos “nanobastones” de oro que funcionan bastante bien como vacuna frente a una enfermedad viral poco conocida pero que afecta a millones de personas cada año, causada por el virus sincitial respiratorio. Básicamente, los investigadores crearon minúsculas partículas de oro que tienen una forma parecida a la del virus, y las recubrieron con una proteína que habitualmente se encuentra en la cubierta viral. La cosa no fue fácil, como es de imaginar, pero los científicos utilizaron técnicas bastante sofisticadas que les permitieron alcanzar su objetivo.

Para comprobar el funcionamiento, introdujeron estas partículas en unas células (llamadas dendríticas) que son las encargadas de presentar a otras células del sistema inmune los fragmentos de proteínas frente a los que se orquestra toda la fabricación de anticuerpos y de células “asesinas” que el sistema inmune tiene a su disposición. Las partículas funcionaron bien, pero además no se observó ningún tipo de toxicidad para las células. Lo siguiente, como es lógico, es lo más difícil: comprobar si estas partículas son capaces de generar buena inmunidad no sólo en el laboratorio, sino también en pacientes.