Cerebros con luz

luz y activación cerebralCasi todo el mundo sabe (al menos, eso espero) que el cerebro forma las imágenes a partir de los impulsos nerviosos que le llegan desde la retina, esa capa de células que recubre el fondo del ojo. En la retina se alojan los conos y bastones, que no son más que neuronas especializadas en detectar la luz y los colores, para después enviarlos hasta la parte posterior del cerebro donde se integrarán todos los impulsos y se formarán las imágenes. Lo que no es tan conocido es que la retina contiene otro tipo de células que también detectan la luz (especialmente la luz azul) y envían impulsos al cerebro, pero no participan en la formación de imágenes. Un equipo de neurocieníificos canadienses, estadounidenses y belgas han analizado el funcionamiento de estas células en personas que han perdido completamente la visión, llegando a conclusiones sorprendentes.

El estudio, publicado en la revista Journal of Cognitive Neuroscience, se centra en tres pacientes con ceguera total que fueron expuestos a diversos estímulos con luz azul. En un primer experimento, los investigadores constataron que los pacientes, aún sin ser conscientes de “ver” nada, fueron capaces de acertar (con mayor frecuencia de lo que se podría esperar por azar) si la luz estaba encendida o no. Además, el registro de la actividad cerebral demostró que la iluminación afectaba a otras tareas cerebrales, especialmente cuando los pacientes debían prestar atención a un sonido para realizar tareas de aprendizaje. Los datos revelaron que un minuto de estimulación con luz azul fue suficiente para activar áreas cerebrales asociadas con la atención y la regulación de las tareas cognitivas.

Lo interesante es que esas regiones cerebrales forman parte de lo que los científicos llaman la “red neuronal por defecto”, un conjunto de áreas cerebrales que mantienen el cerebro alerta cuando no está llevando a cabo ninguna operación específica. Según estos nuevos datos, la luz sirve no sólo para mantener los ritmos circadianos que regulan el funcionamiento del cuerpo, sino que parece ser un ingrediente esencial para mantener nuestro cerebro en un estado de vigilia, preparado para emprender tareas cognitivas en cuanto sea necesario. Lo cual no es de extrañar, porque al fin y al cabo somos una especie diurna. Lo interesante sería ver qué pasa en el cerebro de las personas que trabajan en turnos de noche…

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