Cerebros humanos débiles, cerebros de ratón fuertes.

Cerebro, evolución, envejecimiento

Creo que la mejor forma de cerrar (en lo que a este blog se refiere) este magnífico año 2014 es con un post sobre el cerebro. Cada vez me fascina más este campo, especialmente en sus aspectos evolutivos. Porque, no nos engañemos, la gran pregunta que nos falta por responder es cómo nuestro cerebro ha llegado a ser lo que es… En esta línea, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre un par de artículos científicos publicados recientemente que han pasado algo desapercibidos o han sido tratados de modo desigual.

Por un lado, hemos tenido noticia de la identificación de lo que -en un alarde de originalidad- la mayoría de los medios denominaron el “punto débil” del cerebro. El artículo original publicado en PNAS es un poco más refinado. En primer lugar, identifica cuáles son las primeras regiones cerebrales que se alteran con la edad en personas normales. Curiosamente, se trata de un conjunto de áreas que colectivamente configuran lo que se conoce como corteza transmodal. Según el modelo que explica cómo las sensaciones se convierten en cognición, estas son las áreas que se encargan de relacionar y asociar los estímulos aislados y generar representaciones de mayor significado. Lo apasionante es que estas áreas son las últimas en estructurarse durante la formación del cerebro humano ya que no se completan hasta la adolescencia. Y, lógicamente, son responsables de las principales diferencias de nuestro cerebro respecto al de otros grandes simios, en los que –dicho sea de paso- no existe nada similar a nuestra adolescencia.

“Las regiones que se forman más tarde durante la maduración del cerebro son las primeras que degeneran al envejecer”

El asunto tiene su miga porque desde hace tiempo se había postulado este modelo “simétrico” según el cual las últimas regiones cerebrales en formarse serían las primeras en degenerar con la edad, pero hasta ahora nadie lo había demostrado con datos. En este caso, los neurocientíficos analizaron imágenes de resonancia magnética funcional en casi 500 voluntarios sanos y encontraron dos patrones claros asociados con el envejecimiento: la pérdida global de masa gris (algo ya conocido) y cambios en las regiones que conforman la red transmodal: corteza prefrontal lateral, surco intraparietal, corteza orbitofrontal, surco temporal superior, corteza cingulada posterior, lóbulo temporal medial, el opérculo parietal y algunas otras. De modo que sí, las regiones que se forman más tarde durante la maduración del cerebro son las primeras que degeneran al envejecer.

Lo evidente, llegados a este punto, era comprobar si estas mismas áreas están afectadas en la principal enfermedad neurodegenerativa asociada al envejecimiento, la enfermedad de Alzheimer. Así que los científicos utilizaron imágenes similares obtenidas de pacientes y vieron que –efectivamente- las áreas afectadas se solapaban de modo significativo. Pero también tuvieron la brillante idea de comprobar qué pasaría en los cerebros de pacientes con una enfermedad que se gesta durante la adolescencia: la esquizofrenia. Y el resultado fue el mismo, las regiones afectadas coinciden significativamente con las que se alteran durante el envejecimiento.

“La evolución de nuestro maravilloso cerebro, no ha sido “a coste cero” sino que ha traído consigo la aparición de enfermedades hasta entonces desconocidas en el mundo de los simios”

¿Qué reflexiones podemos hacer sobre este magnífico hallazgo? Por un lado, se confirma una vez más que nuestra evolución, y especialmente la evolución de nuestro maravilloso cerebro, no ha sido “a coste cero” sino que ha traído consigo la aparición de enfermedades hasta entonces desconocidas en el mundo de los simios. Está por ver si existe algún chimpancé con esquizofrenia, o que padezca Alzheimer en caso de llegar hasta una edad muy avanzada, pero resulta poco probable ya que carece de las estructuras que se alteran en estas enfermedades.  Pero además, el hecho de que una enfermedad que se genera en el cerebro adolescente (la esquizofrenia) comparta las mismas lesiones con otra que aparece al final de la vida (el Alzheimer), hace pensar que se podría predecir la aparición de esta última en función de cómo haya sido el desarrollo cerebral durante la adolescencia. O quizás los mismos factores de riesgo, tanto ambientales como genéticos, están presentes en ambos casos. Sin duda, un tema para investigar en los próximos años.

La otra investigación que tiene que ver con el cerebro apareció en la revista The Journal of Neuroscience y no ha sido muy comentada a pesar de que se presta a todo tipo de excesos literarios, como “ratones con cerebro mitad humano”, por ejemplo. La historia es sencilla, pero no por ello menos fascinante. Hace poco más de un año, neurocientíficos de Nueva York trasplantaron células progenitoras gliales humanas al cerebro de ratones recién nacidos. Como su nombre indica, se trata de unas células madre que se especializan en generar células de la glía, esa red celular que sustenta a las neuronas. Hoy en día sabemos que las células gliales son de gran importancia para el correcto funcionamiento del cerebro. Un tipo de células de la glia, los astrocitos, establecen conexiones con las neuronas y favorecen la transmisión de impulsos nerviosos, permiten un correcto aporte de nutrientes, e incluso guían las conexiones sinápticas que se establecen en el cerebro durante el desarrollo embrionario. Los oligodendrocitos, otro de los tipos principales de glía, recubren de mielina muchas neuronas del cerebro.

“Las células gliales progenitoras humanas no sólo sobreviven en el cerebro de los ratones, sino que terminan por reemplazar a las propias células progenitoras de los animales”

En aquellos primeros experimentos, los investigadores comprobaron que las células progenitoras humanas eran capaces de asentarse en el cerebro normal de un ratón y formar astrocitos, llegando incluso a mejorar el aprendizaje y la memoria de los animales. Ahora, los mismos científicos publican un estudio más amplio que arroja más detalles sobre estos procesos. Básicamente, las células progenitoras humanas no sólo sobreviven en el cerebro de los ratones, sino que terminan por reemplazar a las propias células progenitoras gliales de los animales. No está clara la naturaleza de esta ventaja competitiva, pero un año después del trasplante prácticamente el 100% de las células progenitoras eran de origen humano. En el caso de ratones que padecen una enfermedad desmielinizante, el efecto fue aún más dramático porque las células progenitoras humanas generaron oligodendrocitos y los síntomas de los animales mejoraron al aumentar la formación de mielina.

“Para comprobar si los astrocitos humanos son también superiores a los de chimpancés y otros grandes simios, habría que conseguir cerebros de chimpancés en los que todas las células gliales sean de origen humano”

Lo cual sugiere varias cuestiones. En primer lugar, una bastante evidente y con aplicaciones prácticas: estos progenitores pueden ser muy útiles para el tratamiento de enfermedades desmielinizantes en humanos, como la esclerosis múltiple. De hecho, los científicos ya han solicitado permiso para comenzar los ensayos con estas células progenitoras en pacientes.

Pero lo más interesante, a mi modo de ver, sería comprobar cómo funcionaría el cerebro de ratones que lleven únicamente astrocitos de origen humano. Todavía no se ha llegado a ese punto, pero no cabe duda que estos animales (en los que todos sus progenitores gliales son humanos) representan un primer paso en esa dirección. Según los datos existentes, es previsible que se potencien algunas funciones cognitivas, lo cual también arrojaría datos sobre la evolución de estas células en humanos. Después, habría que comprobar si las células progenitoras y los astrocitos humanos son también superiores a los de chimpancés y otros grandes simios, y cómo y por qué. Pero para eso habría que conseguir cerebros de chimpancés en los que todas las células gliales sean de origen humano. Y por ahora, nadie parece dispuesto a dar ese paso…

Organoides humanos en ratones de laboratorio

organoides de intestinoYa sé que lo de “organoides” a alguno le sonará raro, como de ciencia ficción, pero no hay que asustarse. Los científicos llaman organoides a grupos de células organizadas de forma parecida a un órgano natural (hígado, corazón, riñón) pero sin llegar a ser el órgano completo. Desde el punto de vista de la medicina regenerativa, la idea es brutal. ¿Se imaginan un almacén con pequeños trozos de hígado humano listos para ser trasplantados? O piensen en lo útil que sería un organoide hepático construido con las células de un paciente que sufre una enfermedad del hígado, por ejemplo; la cantidad de información que podríamos obtener sobre esa enfermedad, o los fármacos que podríamos ensayar hasta dar con el más eficaz…

“¿Se imaginan un almacén con pequeños trozos de hígado humano listos para ser trasplantados?”

Con la explosión de la investigación en células madre que venimos presenciando en los últimos años, todo esto podría ser realidad en un futuro cercano, pero hay que ir dando pasos seguros. Hoy en día ya se utilizan con éxito distintos tipos de células madre para tratar enfermedades, especialmente las llamadas células madre “adultas”. Poco a poco, vamos conociendo mucho mejor las células madre pluripotenciales, tanto embrionarias como las reprogramadas a partir de células diferenciadas. De hecho, estamos viendo ya los primeros resultados de ensayos clínicos que utilizan este tipo de células. Todo esto, unido a enormes avances en ingeniería de tejidos, ha hecho posible también “atacar” el problema de la formación de órganos en el laboratorio. En este contexto se encuadra la publicación, en la revista Nature Medicine, de un trabajo realizado por científicos estadounidenses en el que demuestran que es posible formar pequeños organoides humanos.

“En este contexto se encuadra un trabajo realizado por científicos estadounidenses, en el que demuestran que es posible formar pequeños organoides humanos”

Los investigadores se atrevieron en este caso con un órgano tan complejo como el intestino, lo que demuestra una buena dosis de coraje. El intestino (ver foto más arriba) es un órgano compuesto por una capa muscular que lo envuelve por fuera y varios tipos de células en su interior, células que forman vellosidades y se especializan en absorber sustancias para enviarlas a la sangre. ¿Se puede fabricar una estructura tan compleja a partir de un solo tipo de célula? Si el embrión lo hace, por qué no va a ser posible… En este caso, los científicos comenzaron con células pluripotenciales (tanto embrionarias como reprogramadas a partir de la piel o de la sangre de donantes) y las trataron con un cóctel que dio lugar a organoides intestinales. A continuación trasplantaron estos organoides bajo la cápsula del riñón de ratones inmunodeprimidos, que aceptan células humanas sin rechazarlas. Sorprendentemente, los organoides crecieron y fueron organizándose hasta dar lugar a pequeños fragmentos de intestino perfectamente formado: músculo, células especializadas en la absorción que se renuevan continuamente, etc.

“Sorprendentemente, los organoides crecieron y fueron organizándose hasta dar lugar a pequeños fragmentos de intestino perfectamente formado”

Al parecer, la técnica de microcirugía empleada para situar los organoides en el riñón, de forma que reciban un buen aporte sanguíneo, es crucial para el éxito de este procedimiento. Pero lo importante es que se haya solventado un escollo difícil y que se haya dado con una tecnología reproducible, porque como decía al principio esto podría tener múltiples aplicaciones en medicina, y no sólo en pacientes con enfermedades que afectan al intestino. Para empezar, los científicos han demostrado que es posible usar células reprogramadas humanas, lo que abre la posibilidad de generar pequeños órganos para autotrasplante en aquellos casos en que no aparezca un donante adecuado.

“Esto tecnología tardará aún años en llegar a la práctica clínica habitual, pero mientras tanto ya podría resolver problemas médicos de gran relevancia”

Evidentemente, esta tecnología tardará aún años en llegar a la práctica clínica habitual, pero mientras tanto ya podría resolver problemas médicos de gran relevancia. Por ejemplo, las pruebas que se hacen para ensayar el funcionamiento de fármacos en modelos animales podrían reemplazarse por ensayos en organoides, lo cual no sólo disminuiría el uso de animales de laboratorio sino que daría resultados más extrapolables a humanos: en el fondo, se estarían estudiando órganos prácticamente idénticos a los de los enfermos. Como es sabido, muchos de los fármacos que funcionan en los modelos animales no son eficaces cuando llegan a la fase de ensayos en humanos, lo que contribuye a que el tiempo necesario para poner un fármaco en el mercado sea de años. Las pruebas sobre organoides deberían acelerar mucho este proceso, lo cual ya de por sí tendría un impacto enorme en la lucha contra la enfermedad. Con un poco de suerte (y mucho más trabajo) los auto-trasplantes llegarán después…

Confirman la causa del Alzheimer

cerebro y alzheimaerEn ciencia no es habitual que uno pueda ser testigo de la resolución de un debate que se ha prolongado durante decenios. A juzgar por los resultados de un artículo científico publicado esta semana en la revista Nature, parece que esto es precisamente lo que acaba de suceder en el caso de una enfermedad de tanta relevancia como es el Alzheimer.

Por sorprendente que pueda parecer, los científicos todavía están divididos sobre la verdadera causa de la enfermedad de Alzheimer (curiosamente, algo similar sucede con la enfermedad de Parkinson). La cuestión se puede resumir diciendo que hay dos bandos enfrentados porque los cerebros de las personas con Alzheimer presentan dos lesiones fundamentales cuando se examinan al microscopio. Por una lado, dentro de las neuronas hay una formaciones denominadas ovillos neurofibrilares que están compuestos por una proteína llamada tau. Al mismo tiempo, en el espacio que rodea las células  nerviosas aparecen unas placas de amiloide, una sustancia proteinacea. El problema es cuál de estas dos lesiones es la auténtica causa de la enfermedad: unos dicen que lo primero son los ovillos, otros sostienen que lo importante son las placas de amiloide y en cambio los ovillos son el resultado del mal funcionamiento neuronal. Algunos pacientes tienen mutaciones en genes que intervienen en la formación de amiloide, otros pacientes tienen mutaciones en el gen de la proteína tau, de modo que la cuestión está por dilucidar.

“Por sorprendente que pueda parecer, los científicos todavía están divididos sobre la verdadera causa de la enfermedad de Alzheimer” Tweet!

Como suele suceder en estos casos, ambos bandos tienen evidencias a su favor (y en su contra). Años de experimentos no han podido resolver la cuestión de forma definitiva, en buena parte debido a la falta de un buen modelo de laboratorio que permitiese estudiar “en tiempo real” lo que sucede en el cerebro cuando se está desarrollando la enfermedad. Científicos de Estados Unidos, Alemania y Corea del Sur han dado con un sistema que consigue precisamente eso: reconstruir un “trozo de cerebro” enfermo en una placa de cultivo de laboratorio. Al estudiarlo con detalle, han observado que lo primero que tiene lugar es la formación de las placas de amiloide. Lo cual no sólo dejaría zanjado el debate, sino que además parece abrir nuevas esperanzas de curación de la enfermedad.

“Un equipo de científicos ha dado con un sistema que consigue reconstruir un “trozo de cerebro” enfermo en el laboratorio” Tweet!

El asunto no ha sido fácil, como cabe esperar, así que vamos con los detalles. En primer lugar, los investigadores generaron células madre neurales con dos mutaciones que causan Alzheimer en pacientes con la forma familiar de la enfermedad. Estas células madre dan lugar a neuronas maduras tras veinte días de cultivo en el laboratorio. Después vino el diseño de un sistema tridimensional para el cultivo de estas células. Esto es crucial, porque en los sistemas habituales las células crecen sobre una superficie (en dos dimensiones), y esto no reproduce adecuadamente el estado de estas células en el cerebro. El empleo de un gel especial en cuyo interior crecen las células, permitió que las neuronas se formasen adecuadamente. A las seis semanas, los científicos comprobaron que comenzaban a aparecer las lesiones típicas de Alzheimer: gran cantidad de proteína amiloide y fibrillas con la proteína tau. El experimento definitivo vino al utilizar inhibidores de la vía por la que se forma el amiloide: no sólo disminuyó la formación de amiloide, sino también la cantidad de neurofibrillas de tau. Esto demostró, por primera vez, que los ovillos de proteína tau son el resultado de la alta cantidad de amiloide, y no al revés.

“El experimento definitivo vino al utilizar inhibidores de la vía por la que se forma el amiloide” Tweet!

Todo lo cual tiene enorme importancia para el futuro de la lucha contra esta enfermedad. No sólo porque conocemos mejor su origen, sino porque este nuevo sistema de cultivo en tres dimensiones será de enorme utilidad para probar nuevos tratamientos, ya que reproduce muy bien las condiciones que se dan en el cerebro de los pacientes con Alzheimer. Los mismos investigadores incluyen un buen ejemplo de esto: cuando añadieron al sistema una molécula que impide la formación de las fibrillas de tau comprobaron que -a pesar de los altos niveles de amiloide presentes- se frena mucho su aparición. Lo cual confirma que esta molécula, llamada GSK3, podría ser útil en el tratamiento de pacientes con algunas formas de enfermedad de Alzheimer. Sin duda alguna, la popularización de este método de recrear en el laboratorio un trozo de cerebro enfermo traerá muchas más sorpresas.

Sangre, cerebro y hueso

mielina en el cerebroLos hallazgos sobre las células madre y sus aplicaciones no descansan en verano. Voy a resumir tres estudios publicados en este mes de agosto que termina, todos ellos relacionados con el tema. Creo que transmiten bastante bien las expectativas que actualmente genera este campo de investigación, así como la creatividad mostrada por los investigadores para extraer todo el potencial que tiene.

Quizás lo más anecdótico pueda parecer el asunto del hueso, publicado en la revista PNAS. Bioingenieros del MIT han desarrollado un nuevo armazón artificial formado por unos polímeros “empapados” en determinados factores de crecimiento que inducen la regeneración del hueso, un proceso complejo que lleva su tiempo. Estos dispositivos se pueden implantar y entonces liberan esos factores en dos “oleadas”, lo cual es importantísimo: poco a poco van “atrayendo” a las células madre desde la médula ósea y las estimulan a formar no sólo hueso, sino también la red de vasos sanguíneos que sustente su crecimiento. Suficiente para cerrar un agujero de 8 milímetros en el cráneo de ratas en tan sólo dos semanas, sin dejar rastro de hueso anómalo.

Lo de las neuronas es más espectacular. Científicos de la Universidad de Luxemburgo publican en la revista Stem Cell Reports la reprogramación de células de la piel de ratones para convertirlas en neuronas. Esto no es nada nuevo, lo sorprendente del asunto es que tras implantarlas en dos zonas diferentes del cerebro de los animales, las nuevas neuronas se integraron con las ya existentes, estableciendo nuevas conexiones. Después de seis meses, seguían funcionando con normalidad. No hace falta decir que esto supone un tremendo espaldarazo a la utilización de esta misma estrategia en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas en humanos.

Tratamientos que ya son una realidad en el caso de células madre procedentes de la sangre: ¿quién no ha oído hablar de los trasplantes de médula ósea? Las células madre de la sangre se generan en un “nicho” especial de la médula ósea y son valiosísimas… pero también muy escasas. Hasta ahora no ha sido posible fabricarlas en el laboratorio, porque no es fácil reproducir las condiciones ideales para su multiplicación. Precisamente, otra investigación -publicada esta vez en la revista Nature– parece haber descubierto el secreto al estudiar lo que sucede en un pez tropical conocido como pez cebra. Al parecer, hay otro tipo de célula que es necesaria para que las células madre de la sangre puedan proliferar. Los investigadores han identificado de qué células se trata e incluso han encontrado las señales químicas necesarias para su formación. Si algún día esto permite fabricar “en masa” células madre de la sangre, las posibilidades terapéuticas serán enormes. Para el cerebro, el hueso y -esperemos- muchas cosas más.

 

 

Células madre en chips, ratones y monos

biopsia líquida para detectar mutaciones en tumoresHoy le va a tocar el turno a las células madre, haciendo un breve repaso de los avances publicados en los últimos días que más me han llamado la atención. En primer lugar, un estudio hecho en ratones que aparece en la revista Stem Cell Reports. Partiendo de una línea celular humana, los científicos obtienen células madre neurales (o sea, especializadas en “fabricar” células nerviosas) y las trasplantan en ratones que sufren síntomas parecidos a la esclerosis múltiple, enfermedad que afecta a la sustancia que recubre los nervios y provoca síntomas neurológicos diversos. En dos semanas los ratones habían vuelto a caminar, pero eso no es lo más sorprendente. Después de seis meses siguen “curados” pero en cambio no hay rastro de las células madre trasplantadas (que de hecho desaparecieron a los ocho días de la operación). Así que el efecto beneficioso debe estar en alguna sustancia que las células madre fabricaron inicialmente, sustancia que lógicamente andan buscando…

Otro artículo también tienen que ver con células pluripotenciales, esta vez las famosas iPS que se inducen a partir de células de la piel. Por un lado, científicos de Harvard han logrado crear un pequeño corazón enfermo en un microchip, depositando células obtenidas de pacientes que sufren una enfermedad del corazón. La idea es recrear el tejido cardíaco de un paciente concreto en un pequeño chip, de forma que se puedan estudiar los mecanismos que causan la patología o ensayar fármacos que funcionen para ese paciente concreto. Medicina personalizada llevada al extremo, diría yo…

Y finalmente, la revista Cell Reports publica los resultados del primer ensayo clínico realizado en primates con células iPS. El ensayo quería comprobar si estas células madre son capaces de formar hueso al ser trasplantadas a los mismos monos de los que se habían obtenido. Y de paso, ver si la técnica es segura. La formación de hueso fue un éxito, pero en algunos casos los animales desarrollaron también tumores llamados teratomas que crecieron muy lentamente. Esto era previsible, ya que todas las células pluripotenciales tienen este riesgo. La buena noticia es que cuando los investigadores usaron células iPS que previamente habían sido especializadas en formar hueso, la técnica funcionó igual de bien pero además no hubo ningún tumor secundario. Si se confirma que el paso de ratones a monos funciona y es seguro, no esperéis mucho a ver esto aplicado en humanos.

Órganos prefabricados

Hoy mismo he tuiteado varias noticias relacionadas con el tema: vaginas artificiales creadas en el laboratorio e implantadas a cuatro mujeres, cartílago fabricado a partir de biopsias y utilizado para reconstruir la nariz… Todo lo cual viene a sumarse al reciente anuncio en la revista PNAS de que investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke han logrado crear músculo artificial. En roedores, todavía, pero músculo al fin y al cabo; y bastante bueno.

Hasta ahora, el músculo se había resistido a los intentos de fabricarlo en el laboratorio, al menos tal y como se ha conseguido ahora: un músculo que, al ser implantado a un animal vivo, sea capaz de crecer y regenerarse, además de contraerse con una fuerza similar a la del músculo de ratas recién nacidas. Uno de los videos que acompañan al artículo habla por sí solo.

El secreto del éxito de estos investigadores ha sido, al parecer, la utilización de una estrategia nueva. Por un lado, utilizar músculo previamente madurado en el laboratorio a partir de células madre musculares. Por otro, incluir estas mismas células madre en el implante. Así, resulta que el músculo maduro actúa como un almacén natural donde las células madre musculares pueden sobrevivir y ponerse en marcha cuando sea necesario. Por eso, al implantar estos fragmentos de músculo en la espalda de ratones los científicos comprobaron que se llenaba de vasos sanguíneos, e incluso se regeneraba después de haber sido lesionado con un veneno de serpiente.

Ya se ve que cada vez estamos más cerca de ver hecha realidad aquella escena de Blade Runner en la que aparece la tienda de ojos de Hannibal Chew. Bueno, a decir verdad quizás todavía tengamos que esperar bastante para conseguir, precisamente, ojos.

Curan la diabetes en ratones

diabetesYa que el mundo de las células madre parece estar agitado con los últimos avances, aquí traigo más madera, que diría Groucho Marx… Como vengo profetizando desde hace tiempo, la medicina regenerativa va a jugar un papel decisivo en la lucha contra la enfermedad en los próximos años. Aunque ahora la mayor parte de los esfuerzos se centran en las células madre pluripotenciales, a un plazo más largo es probable que se utilice algún tipo de “cóctel” para fabricar células madre algo más especializadas en reparar un órgano concreto. Una investigación publicada recientemente en la revista Cell Stem Cell muestra lo que quiero decir. Y lo hace de forma contundente, curando la diabetes en ratones de laboratorio.

Por diversos motivos, la regeneración de las células beta del páncreas (las que fabrican insulina, que están dañadas en pacientes con diabetes) es más difícil de lo que inicialmente se pensaba. Uno de los problemas es que las propias células beta obtenidas a partir de células madre tienen una vida limitada y no proliferan, con lo que los tratamientos no terminan de ser muy eficaces. El camino explorado por investigadores del Instituto Gladstone, de California, ha intentado solucionar esto. Los científicos alimentaron células de la piel de ratones con una mezcla de moléculas, y esto las transformó en células madre que no eran totalmente pluripotenciales. Después utilizaron otro cóctel distinto para convertir estas células madre en células progenitoras pancreáticas, es decir, especializadas en regenerar este órgano en concreto. La pregunta era si estas células podrían dar lugar a células beta maduras que fabricasen insulina en respuesta a la concentración de glucosa en la sangre.

La respuesta es que sí. Al trasplantar estas células progenitoras pancreáticas en ratones de laboratorio que sufren diabetes, los investigadores comprobaron que los niveles de glucosa en la sangre de los animales bajaron hasta valores normales una semana después del trasplante. El efecto era real, porque al quitar las células trasplantadas volvía a subir el azúcar en la sangre de los ratones. Pero lo más espectacular sucedió a las ocho semanas del trasplante, cuando los científicos examinaron los animales: las células progenitoras se habían convertido en auténticas células beta secretoras de insulina.

Con las precauciones de siempre, porque la diabetes de estos ratones no es idéntica a la enfermedad humana y podría haber otras barreras que salvar, esta vía podría iniciar el camino (quizás aún largo) de la curación definitiva de la diabetes. Que lo veamos.