Imita, si quieres vivir…

Cuando Darwin publicaba El Origen de las Especies en 1859, regresaba a Inglaterra un señor llamado Bates, después de pasarse once años en las selvas amazónicas estudiando insectos. Esta coincidencia le permitió utilizar una de sus observaciones para apoyar la teoría de la selección natural. En concreto, Bates había visto dos especies distintas de mariposa que vivían en la misma zona y tenían los colores de las alas sorprendentemente parecidos. Este fenómeno, que pasó a conocerse como mimicry (o sea, imitación o mimetismo), se debe a que uno de los dos tipos de mariposa tiene un sabor muy malo para sus predadores, unos pájaros. La otra especie es perfectamente comestible, pero los pájaros las evitan por su parecido con las otras.

Han tenido que pasar 150 años para que este fenómeno pudiese ser explicado a nivel molecular, lo cual no deja de ser fascinante. Un artículo publicado esta semana en la revista Science detalla las conclusiones alcanzadas por investigadores de Estados Unidos, Panamá y Puerto Rico. Los científicos estudiaron el genoma de muchos ejemplares de estas especies, y demostraron que el color de las alas de estos insectos está bajo el control de un gen llamado optix, que curiosamente tiene que ver con la formación del ojo en las moscas.

Parafraseando al propio Bates, las alas de estas mariposas son como una pizarra donde está escrita la historia de la selección natural de estas especies. Parece que, al fin, empezamos a ser capaces de leer dicha historia.

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