Anticongelante natural en peces de la Antártida

pescado congeladoLas aguas que rodean el continente antártico son, naturalmente, frías… muy frías. Para vivir allí durante todo el año sin morir congelado, hay que tener algo especial, sobre todo si eres un animal y no tienes la posibilidad de ponerte un neopreno. Por eso es sorprendente que estas aguas están pobladas por unos peces bentónicos que soportan muy bien estas temperaturas gracias a diversos mecanismos evolutivos que evitan que se les congele la sangre. Uno de estos mecanismos, descubierto hace unos años, es la presencia en la sangre de unas proteínas especiales con actividad “anticongelante”: cuando se comienzan a formar los cristales de hielo en la sangre, estas proteínas se pegan a la superficie de los cristales e impiden que aumenten de tamaño. Ahora, un artículo publicado en la revista PNAS muestra el precio que estos peces han de pagar por semejante innovación evolutiva.

Los científicos querían saber qué sucede en la sangre de estos peces cuando se encuentra a temperaturas más altas de las que habitualmente soporta en el agua antártica: ¿se funden los mini-cristales de hielo? ¿cómo? ¿a qué temperatura? Lo que observaron fue que las proteínas anticongelantes tienen un efecto inesperado porque impiden que los cristales se fundan al llegar a la temperatura teórica en que deberían hacerlo. De hecho, los cristales no desaparecen completamente hasta que están bastantes horas a temperaturas superiores al punto de fusión. Y esto sucede tanto en el laboratorio, estudiando el suero, como en peces vivos que nadan hacia aguas menos frías donde la temperatura debería permitir la fusión de los cristales.

O sea, que las proteínas anticongelantes tienen un efecto paradójico de modo tal que a temperaturas más altas provocan un fenómeno de supercalentamiento. Para entendernos, el supercalentamiento es lo que pasa cuando uno calienta un líquido en el microondas. Aunque la temperatura supere la de ebullición, el líquido no hierve a no ser que lo agitemos (cosa peligrosa que puede terminar con algunas quemaduras si no se hace con cuidado). Esto es porque el líquido estaba supercalentado y al agitarlo hierve de golpe. Algo similar sucedería en la sangre de estos peces debido a la presencia de las proteínas anticongelantes. Al margen de cuestiones más prácticas que podrían ayudar a tratar situaciones de congelación en humanos, el reto ahora es descubrir si la acumulación crónica de estos cristales tiene algún efecto nocivo sobre los animales, y cómo hacen para superarlo.

 

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