Un pasado tormentoso

genoma y neandertalesComienza un año más, y ya van siete desde que A Ciencia Cierta arrancó allá por enero de 2007. Lógicamente, el título de este post no se refiere al blog, sino a nuestro propio pasado, el de la especie humana. Creo que viene bien para empezar 2014, porque la reciente secuenciación del genoma completo de un neandertal que vivió en Siberia hace unos 50.000 años ha traído bastantes novedades al panorama de la evolución humana reciente. Aunque ya se había leído el genoma de un neandertal hace unos pocos años, en este caso la secuencia es de una calidad muy superior, y además proviene de una mujer cuyos restos fueron hallados en la misma cueva siberiana donde se descubrieron los denisovanos, unos parientes próximos de los neandertales (y nuestros, claro).

La investigación apareció publicada en Nature a finales de 2013, por el mismo grupo de científicos que leyeron el primer genoma neandertal y (también recientemente) el genoma mitocondrial de un fémur de la Sima de los Huesos en Atapuerca. Aunque el artículo es bastante técnico, las principales conclusiones vendrían a ser: a) que los denisovanos han dejado su huella en todos casi todos los asiáticos, aunque mucho más en Oceanía; b) que los humanos modernos residentes fuera de África llevamos un 2% de genoma neandertal; c) que los neandertales también transmitieron un pequeño porcentaje de su genoma a los denisovanos; y d) lo más curioso: los denisovanos llevan en su genoma restos de una especie arcaica, mucho más antigua, que podría ser Homo erectus.

Vamos, que hubo bastante intercambio de genes entre los distintos grados o tipos de Homo que vivieron en Eurasia durante el último medio millón de años. O, dicho de otro modo, que todos somos “humanos”, como era de esperar. Con estos nuevos datos todo parece indicar que el ancestro de neandertales y denisovanos se separó de nuestro linaje hace 600.000 años, mientras que ellos se separaron entre sí hace unos 450.000 años. Pero ya se ve que la separación no fue total, porque mucho tiempo después todavía hubo cierto intercambio genético entre ellos.

Lo cual, dicho sea de paso, quita algo de relevancia a otro de los datos aportados por esta investigación: los científicos identificaron 87 variantes genéticas que son exclusivas de los humanos modernos, puesto que no se encuentran en los genomas de neandertales y denisovanos. Aunque mediáticamente suene muy bien decir que estas variantes son las que “nos hacen humanos”, ya se ve que no es así: lo que realmente nos hace ser la especie que somos, viene de mucho más atrás.

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