“Engañando” al corazón infartado

curación del infartoDesde la revolución de las células madre pluripotenciales inducidas mediante reprogramación de células adultas, que ya hemos comentado tantas veces (y, sobre todo, tras la concesión del premio Nobel a Yamanaka), la aplicación de esta tecnología a diversos problemas médicos está dando enormes frutos. Sin embargo, como también hemos informado aquí, se puede dar un paso más e intentar cambiar directamente células de un tipo en otras diferentes, sin necesidad del paso intermedio de las células pluripotenciales. En un reciente artículo publicado en la revista Nature Biotechnology, investigadores del Instituto Karolinska y de la Universidad de Harvard demuestran la posibilidad de una tercera vía: “engañar” a las células madre residentes en un tejido para que reparen una lesión en vez de formar tejido fibroso.

El estudio trata sobre el infarto de miocardio, y fue realizado en ratones de laboratorio. Investigaciones previas habían demostrado que la inyección directa en el corazón de un compuesto llamado VEGFA es capaz de estimular las células madre cardíacas para formar nuevo tejido. Pero esos estudios habían chocado con la dificultad de administrar este factor de crecimiento de modo que pudiera llevar a cabo su acción adecuadamente, por lo que los científicos probaron en esta ocasión una nueva alternativa: inyectar el ARN mensajero que codifica ese factor, en vez de inyectar el factor mismo. Para ello, tuvieron que modificar el ARN de forma que no fuese degradado por las células, ya que lo normal es que lo confundan con ARN de virus e intenten deshacerse de él.

La estrategia funcionó magníficamente. Una sola inyección de este ARN, que da lugar a un “pico” breve pero intenso de VEGFA, cambió el comportamiento de las células madre residentes en el corazón: en vez de formar tejido fibroso (la “cicatriz” que queda después de un infarto) dieron lugar a tejido cardiaco normal y repararon la lesión. Si el tratamiento se hace dentro de las 48 horas posteriores al infarto, el 60% de los ratones sobreviven después de un año, comparado con el 15% de los ratones que no han sido tratados. Esta diferencia se debe a que los corazones de los animales que han recibido el ARN funcionan mejor y han generado nuevo músculo cardiaco en el lugar de la lesión.

La estrategia promete, aunque queda un camino relativamente largo para que pueda ser ensayada en humanos. Primero habrá que demostrar que funciona en otros animales, y después habrá que refinar las tecnologías para liberar el ARN terapéutico en el lugar concreto donde puede ser más eficaz. Si se salvan estos escollos, el impacto de este descubrimiento podría ser enorme.

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