Play it again, Sam…

Tomando pie de la historia narrada en “¡Qué bello es vivir!” de Frank Capra (cuyo título original es “It’s a wonderful life”), el conocido biólogo Stephen Jay Gould escribió su libro “Wonderful Life”, en el que viene a decir que cada vez que rebobinásemos la “cinta de la vida” y le diéramos al “play” tendríamos un resultado diferente. Habría que rebobinarla bastante, en concreto hasta un punto que él sitúa en un periodo llamado Cámbrico. Si nos volviésemos a situar hace 542 millones de años (momento de comienzo del Cámbrico) para dejar que la evolución haga de nuevo su trabajo, la vida sería muy distinta a la que conocemos hoy en día, decía él.

No todos los biólogos de la evolución están convencidos, porque existe un fenómeno llamado convergencia que muestra que no todas las “soluciones” que la evolución “encuentra” son igualmente probables, sino que algunas se repiten con mayor frecuencia de lo que se podría esperar. El vuelo o el ojo tipo cámara, por ejemplo, han evolucionado independientemente varias veces. Esta idea ha llevado a algunos autores a ver una cierta “predictibilidad” en la evolución. Lógicamente, el asunto es muy debatido, con el problema añadido de que es difícil de analizar experimentalmente.

La revista Science acaba de publicar un artículo de investigadores de Harvard y de la Universidad de California en Davis, que estudian precisamente este problema acudiendo a los lagartos anolis de las islas caribeñas. Hay casi 120 especies distintas de estos lagartos distribuidos por Cuba, Jamaica, Puerto Rico y la isla que alberga Haiti y República Dominicana, que llegaron a estas islas hace 40 millones de años y desde entonces fueron separándose en distintas especies a medida que colonizaban nichos ecológicos diversos. Tras analizar cien especies distintas de estos lagartos, los científicos observaron un notable grado de convergencia: en islas distintas, los lagartos que ocupaban nichos ecológicos similares habían desarrollado unas adaptaciones sorprendentemente parecidas. Con los datos acumulados, los investigadores pudieron representar los “paisajes adaptativos” de cada isla, o sea, las “montañas” y los “valles” que representan las mejores o peores adaptaciones a cada nicho, respectivamente. Estos paisajes resultaron ser muy similares en las cuatro islas, y permitieron a los científicos predecir cómo las distintas especies de lagartos se fueron moviendo por ellos.

El tema no está cerrado, evidentemente, pero cada vez parece más claro que los resultados producidos por la evolución pueden ser, en cierto modo, predecibles. Científicos como Simon Conway Morris llevan esta idea hasta el extremo, afirmando que una vez que ha aparecido la vida tal y como la conocemos en la Tierra, la evolución de la inteligencia y de lo “mental” era inevitable. Ahí lo dejo…

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