Adiós al año de la Neurociencia

Con el fin de año, termina también el Año de la Neurociencia, que en estas páginas hemos estado celebrando con comentarios sobre algunos avances científicos importantes ocurridos durante el 2012 (haciendo click en la etiqueta “cerebro”, por ejemplo). Evidentemente, las noticias de neurociencia seguirán ocupando un lugar importante en A Ciencia Cierta, pero me parece que es un buen momento para el último post “neurocientífico” del año aprovechando la reciente aparición de varios trabajos interesantes.

Desde que nuestro Ramón y Cajal formuló la teoría neuronal hace más de 100 años, nadie había sido capaz de demostrar que las neuronas se comuniquen de forma diferente a la sinapsis. A finales de noviembre de este año, neurocientíficos de Estados Unidos publicaron en la revista Nature que algunas neuronas de la mosca del vinagre (cuya función es detectar los olores) se envían señales de otra forma. En vez de conectarse mediante una sinapsis, la activación de una neurona cambia el campo eléctrico del líquido que la baña y esto afecta a la estimulación de otra neurona vecina. Esto sí que es una novedad, y seguro que Don Santiago estaría encantado de conocer este descubrimiento.

También a finales de noviembre, investigadores de Berlín y Zurich publicaron en la revista Nature Medicine lo que podría convertirse en el primer tratamiento efectivo contra la enfermedad de Alzheimer. Resulta que unos ratones que desarrollan esta enfermedad tienen muy aumentada la producción de unas moléculas que favorecen la formación del famoso amiloide típico de este enfermedad. Utilizando anticuerpos contra estas moléculas, los científicos fueron capaces de disminuir la cantidad de amiloide en el cerebro de los animales, que además se recuperaron parcialmente de los déficits cognitivos. Lo interesante que los enfermos con Alzheimer también tienen niveles elevados de estas interleuquinas…

Y por si fuera poco, bioingenieros de Harvard describieron en la revista Advanced Materials la fabricación de un cerebro artificial. Bueno, casi… En realidad fueron capaces de construir pequeños parches con varias capas de neuronas interconectadas entre sí, utilizando una técnica llamada fotolitografía (que es la que se utiliza para construir los circuitos integrados de los ordenadores). El asunto tiene futuro, no sólo para estudiar cómo los fármacos afectan al funcionamiento de grupos de neuronas, sino incluso para fabricar implantes cerebrales que puedan reemplazar zonas del cerebro dañadas. Pero eso será tendrá que ser otro año…

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