El origen de todos nuestros males

genes humanosA menudo la gente me pregunta si la especie humana es cada vez más “débil”, si hoy tenemos mayor predisposición a sufrir enfermedades como resultado de la menor influencia de la selección natural desde que hemos desarrollado tecnologías capaces de superar muchas  dolencias que hace unos siglos eran letales. No es fácil dar una respuesta, pero la revista Science acaba de publicar un estudio que viene a confirmar la edad relativamente “joven” de los cambios genéticos que causan la mayoría de las enfermedades humanas. El asunto puede sonar un poco complicado, pero creo que podré explicarlo.

Los científicos, que trabajan en varios centros de investigación de los Estados Unidos, leyeron la secuencia de unos 15.000 genes en más de seis mil quinientas personas. Los voluntarios eran de ascendencia europea en su mayoría, pero había 2.200 de origen africano. Tras comparar las secuencias de todos estos sujetos, los investigadores identificaron más de un millón de variantes genéticas, es decir, “letras” de la secuencia que varían de unas personas a otras. De entre todas estas, unas 164.000 pueden ser la causa de alguna enfermedad, o al menos aumentan la predisposición a padecer alguna dolencia común. Hasta aquí el asunto no es muy novedoso, porque catálogos de este tipo ya existen. Pero los científicos fueron más allá y lograron estimar la “edad” de cada una de estas variantes. Para esto usaron unos modelos matemáticos que no son del caso, y además se apoyaron en que -para cada una de las variantes- se sabe qué letra es la original y cuál es la que apareció más tarde.

Este análisis arrojó el sorprendente dato de que la gran mayoría de estas variantes son de aparición relativamente reciente (hace unos 5.000 a 10.000 años). En concreto, casi el 90% de las 164.000 variantes “peligrosas” tienen esta edad. Más aún, en los americanos de ascendencia europea hay una mayor proporción de variantes peligrosas que en los de origen africano. Todo esto significa que la rápida expansión de las poblaciones humanas tras la salida de África, y especialmente el gran crecimiento demográfico experimentado tras la revolución del Neolítico, permitieron la entrada en nuestro genoma de variantes perjudiciales sin que diese tiempo a la selección natural a ir eliminándolas. Por suerte, diez mil años después estamos ya en condiciones de estudiarlas y combatirlas con éxito. Al menos, eso esperamos.

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