La pequeña red que pesca células

Uno de los mayores retos de la biotecnología es detectar y aislar células que viajan en muy pequeña cantidad en nuestros líquidos biológicos. Pensemos, por ejemplo, en las células que se desprenden un tumor y van a parar a la sangre. Son muy pocas en medio de los millones de células normales que las rodean, pero sería extremadamente útil poder purificarlas: por ejemplo, al contarlas podríamos saber si un tratamiento está siendo eficaz o no (cuantas más “suelte” el tumor quiere decir que su tamaño es mayor); también podríamos probar sobre ellas tratamientos específicos para ese tumor y para ese paciente concreto. Y todo esto, sin biopsias ni procedimientos complicados, simplemente tomando un poco de sangre. Una maravilla, vamos… Pero antes, necesitamos un método que permita aislarlas relativamente rápido y con buena eficacia.

El método perfecto no existe, claro, a pesar de los esfuerzos de las empresas biotecnológicas. Hay algunas cosas que funcionan, pero son muy lentas y todavía no se pueden aplicar al trabajo diario de un hospital. Ahora, unos científicos de Harvard acaban de publicar en la revista PNAS una nueva tecnología que podría estar disponible en las clínicas oncológicas en unos pocos años.

Los investigadores se han inspirado en la manera de capturar alimentos flotantes de algunos animales marinos, como las medusas. Gracias a largos tentáculos con sustancias pegajosas, estos animales son capaces de recoger con bastante eficacia las partículas nutritivas que pasan cerca. De modo similar, los científicos han diseñado unos dispositivos formados por unos tubos muy finos por los que se hace pasar la sangre. En el interior de esos canalículos hay unas fibras de ADN especialmente creadas para pegarse a las células de un tipo concreto de cáncer, de manera que al pasar la sangre esas células se quedan atrapadas en los “tentáculos” artificiales. La gran ventaja de este sistema es que la sangre puede circular a una velocidad relativamente alta, de modo que se podrían “filtrar” unos 10 mililitros (el tamaño de un tubo como los que usan en los análisis de sangre) en unos diez minutos. Y también resulta bastante sencillo romper esos “tentáculos” para recuperar las células que habían quedado atrapadas y así poder analizarlas. El futuro, cada vez más cerca.

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