Terapia celular para reparar corazones dañados

Imagina que, dos años después de padecer un infarto de corazón, el médico te examina y te dice que en tu corazón ya no queda rastro alguno del daño original. Este futuro está cada vez más cerca, gracias a la terapia celular: el uso de distintos tipos de células madre para regenerar las zonas dañadas de un órgano. En el caso del corazón, un infarto suele dejar una región en la que han muerto las células musculares que se contraen. Eso da lugar a una pequeña cicatriz y, dependiendo del tamaño, puede llegar a limitar bastante la capacidad de bombear sangre que tiene este órgano, situación que se conoce como insuficiencia cardiaca.

Investigadores de Boston y de Louisville, en Estados Unidos, comenzaron hace dos años un ensayo clínico en 33 pacientes que habían sufrido un infarto y que tenían reducida la capacidad de bombeo del corazón. En el momento de la cirugía, poco después de sufrir el infarto, obtuvieron células madre cardiacas de cada uno de estos enfermos, creciéndolas y purificándolas después en el laboratorio. Cuando ya tenían aproximadamente un millón de estas células de cada individuo, las introdujeron en la región que había sufrido el infarto. Veinte de los enfermos recibieron el tratamiento con células, los otros trece no. En el reciente congreso de la Asociación Americana del Corazón han hechos públicos los primeros resultados.

Cuatro meses después de la operación ya se podían ver efectos beneficiosos: la capacidad de bombear sangre había aumentado significativamente en los pacientes tratados con células madre. Al año y a los dos años, le mejora había sido todavía más evidente. Además, nueve enfermos pudieron someterse a una resonancia magnética para ver el tamaño de la zona del infarto, y en todos ellos había disminuído notablemente. En un paciente concreto no quedaba rastro de ninguno de los dos infartos que había sufrido, y su capacidad de bombear sangre había vuelto a la normalidad. Nunca hasta ahora se había visto un efecto beneficioso tan claro y duradero, por lo que los científicos seguirán evaluando a estos pacientes. En cualquier caso, es lo más parecido que nunca se ha llegado a una verdadera curación del infarto de miocardio.

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