El cerebro que nunca duerme

Hay muchos estudios sobre la consolidación de la memoria durante el sueño, es decir, qué sucede en el cerebro, cuando estamos dormidos, para que se fijen las cosas que hemos aprendido o experimentado cuando estábamos despiertos. La teoría más aceptada sostiene que una región del cerebro llamada hipocampo, muy importante en la memoria (y, por tanto, en la enfermedad de Alzheimer) se comunica durante el sueño con la corteza cerebral (la capa más externa de neuronas), pero los detalles de este “diálogo” no están muy claros. En un artículo recién publicado en la revista Nature Neuroscience, científicos alemanes y estadounidenses desvelan algunos detalles de esta conversación entre áreas cerebrales, que es más compleja de lo que se pensaba.

Estudiando ratones de laboratorio, los investigadores midieron la actividad de tres áreas del cerebro: el cerebro “nuevo”, el hipocampo (muy antiguo) y otra región llamada corteza entorrinal. Es sabido que el cerebro nuevo y el antiguo se comunican durante el sueño; en cambio, no se había estudiado el papel de la tercera región, que habitualmente está activa cuando intentamos recordar algún dato como un teléfono o una dirección. Sorprendentemente, esta corteza entorrinal se mantuvo activa durante el sueño, incluso cuando los ratones estaban bajo anestesia. Como si estuviesen intentando recordar algo aún estando dormidos…

Más o menos, lo que sucede es que el cerebro nuevo, durante el sueño, sigue un patrón en que van alternando fases de actividad y de inactividad. Cuando está inactivo, algunas neuronas de la corteza entorrinal se mantienen activas de forma espontánea, exactamente igual que cuando intentamos recordar algo durante la vigilia. Esta actividad, a su vez, activa al cerebro antiguo, el famoso hipocampo. Esto es muy importante porque hasta ahora se pensaba que la comunicación entre el cerebro nuevo y el antiguo, durante el sueño, iba en la dirección contraria.

Lógicamente, habrá que comprobar si esto mismo sucede en el cerebro humano, ya que podría tener mucha importancia en los procesos de memoria. Por ejemplo, una de las primeras regiones que se afecta en la enfermedad de Alzheimer, en la que con frecuencia hay transtornos del sueño, es precisamente la corteza entorrinal. Conocer bien estos procesos será fundamental para combatir esta enfermedad.

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