El inexistente cerebro de la esponja

Si uno anda buscando el origen del sistema nervioso, el sentido común dice que el último lugar donde mirar son los animales que no tienen ni cerebro, ni neuronas ni nada que se le parezca. Lo fascinante de la ciencia es que muchas veces tienes que tomar caminos que se apartan de lo que parece más lógico, y explorar precisamente las alternativas menos probables. En el caso concreto de la genética y la evolución hay abundantes ejemplos de esto, el más reciente el que aparece publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de los Estados Unidos. Un equipo de investigadores, estudiando los genes de una esponja marina de la Gran Barrera de Coral australiana, han llegado a conclusiones sorprendentes sobre el origen evolutivo de las sinapsis, esas conexiones entre células nerviosas sin las cuales no podría funcionar nuestro cerebro.

Para que una sinapsis funcione correctamente, los impulsos eléctricos han de llegar hasta las terminaciones de una neurona y provocar la liberación de determinadas sustancias químicas. Estos neurotransmisores llegan a la siguiente célula y la estimulan, y así sucesivamente. En todo este proceso hay decenas o cientos de genes implicados, que deben actuar de manera perfectamente coordinada. Los autores de esta investigación habían estudiado el genoma de la esponja y habían observado que tiene la mayor parte de esos genes, aunque carece de células nerviosas y, por tanto, de sinapsis. ¿Cómo explicarlo?

El problema no es nuevo. Uno de los mecanismos evolutivos mejor conocidos es la reutilización de genes para fines distintos a los que tenían originalmente, de manera que así se puede dar solución a nuevos desafíos biológicos. Conseguir hacer más cosas, con los mismos efectivos. En este caso, la respuesta vino al estudiar la manera en que se activan esos genes. En animales con cerebro, todos ellos actúan de manera concertada, “encendiéndose” y “apagándose” en el momento oportuno para lograr su objetivo. En cambio, al analizar esto mismo durante el crecimiento de la esponja los investigadores vieron que faltaba esa coordinación: cada uno de esos genes cumple su función, pero no existe el “programa” global que los coordina para dar lugar a una sinapsis. Por tanto, parece que uno de los “saltos” críticos durante la evolución del sistema nervioso fue la capacidad de hacer funcionar a todos estos genes en sintonía. Ahora, habrá que buscar la molécula que hace de director de orquesta.

 

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